“Pues demanda se entrega en Mayo del 2009 y… mira ese cuadrado de moka que está descolocado, ¿si le damos a que salgan las conchas de chocolate a lo mejor no se caen?” – Luis Pedondo Redondo
En aquellos días era vox pópuli que las máquinas de vending devolvían el dinero si no atravesaba la barrera fotovoltaica situada en su parte inferior, pero como suele ocurrir en los grandes procesos de la humanidad, la conexión entre ideas no fue inmediata, siendo necesario el hecho fortuito de la situación del cuadrado de moka. La mente de Luis, ayudada por este hecho singular, dio el salto necesario hacia la idea feliz. A la escena llegó Macarronny Miguel Rodriguez:
“Oye, pues se puede piratear una tarjeta, así tikitkitktiktic…’ – Macarronny Miguel Rodriguez
“Anda Luis, saca otro’ – Oscar Sillas
Así una a una, fueron saliendo hasta tres conchas de chocolate, pero pese al júbilo inicial la conversación pronto volvió a los derroteros habituales, mujeres, dinero y trabajo en este orden. Esas cuatro personas no fueron conscientes de lo acontecido, como también suele ocurrir en estos casos, nada había antes y nada hu
bo después. Pasaron semanas hasta que alguien reparara de nuevo en este hecho singular. Para entonces los problemas con las máquinas de vending eran habituales, y nuestras miradas escrutaban uno por uno cuál sería la mejor situación del rulo para que al rodar no tirase su contenido, después y con grandes esfuerzos se lograba que lo desalojase. Así paso un tiempo indeterminado de pocas pretensiones, pero algo haría cambiar esta situación.Aludiendo por tercera vez al discurso de los grandes acontecimientos de la humanidad, como suele ocurrir en estos casos el protagonista que elevaría el punchi hasta su apoteosis había permanecido ajeno a toda su evolución anterior, hablo por supuesto de Diego Farias. Y así fue hasta que cierto día, no se sabe bien por qué, decidió intervenir:
“Joder Luis, ¿pero qué haces?, anda déjame a mí…” – Diego Farias
En las retinas de los que presenciamos aquello quedará grabado el nuevo estilo descarado y molón, en vez de los movimientos espasmódicos y agónicos a lo que estábamos acostumbrados, Diego armaba las máquinas y creaba huecos con movimientos estudiados y sutiles. Finalmente el sonido inconfundible, casi como una letanía.
“AUPPPS…… ¡¡¡¡¡CLONCK!!!!!, ¡¡¡¡¡CLONCK!!!!!, ¡¡¡¡¡CLONCK!!!!!, ¡¡¡¡¡CLONCK!!!!!”
Fue entonces cuando vivimos el esplendor del punchy, salidas de bandejas, salidas dobles, ¡incluso triples!, el kit-kat de la 23, los zumos arbotantes, la máquina de las subidas en la 3ª planta. Todo esto dio lugar a un lenguaje rico y enriquecedor algunas veces:
“el punching de las seis”, “cigarrito y punchy”.
Y otras no tanto:
“¿Queda algún kit-kat?” – Anónimo
“Ese biocentury del 23 sale, te lo digo yo David” – Anónimo
“Ese kit-kat sale” – Anónimo
“Hay un kit-kat en el 23” – Anónimo
También a situaciones divertidas, como el día en el que Luis descubrió por las malas que una bandeja abierta cortocircuitaba la barrera fotovoltaica:
“Y ahora saco unos emanens… ein, si yo tenía más dinero ¿no? Bueeeeno no sé, voy a sacar también lacasitos… ¡uuuuu que ahora sí que también me lo ha cobrado!” - Luis Pedondo (con acento de la parte chunga de Carabanchel)
Pero ayer llegamos al ocaso del punchy, acosados por las LaKelli (la que limpia) de Indra, almas envidiosas e insensibles a este nuevo arte, carentes de técnica e imaginación, dieron parte al personal del edificio justo en el día que logramos acceder a la tercera bandeja. Se omiten los detalles de las disculpas ominosas ante el personal del edificio.
Y dicen que algunas noches, se oye a veces el sonido tremendo, inconfundible de punching en grandes máquinas seguido de carcajadas.












